JCE juega con el reconocimiento alianza pais

JCE juega con el reconocimiento alianza pais

SANTO DOMINGO (R. Dominicana).-  ¿Cuánto tiempo más tendrán de esperar Alianza País y su líder y candidato presidencial Guillermo Moreno para que la Junta Central Electoral les reconozca la personería jurídica?  No es predecible –las decisiones del organismo parecen depender de los humores y amores de su presidente— pero sí puede afirmarse que este partido y este político han batido el récord de la espera.
Metódicos, los dirigentes de Alpaís entregaron hace ya dos años y unos cuantos días toda la documentación exigida por la Ley Electoral para poder obtener el reconocimiento. Treinta y tres locales,  uno de ellos en Nueva York, los contratos de alquiler respectivos, números telefónicos, nombre de los directivos en cada caso y, lo que es más importante, el respaldo ciudadano, minuciosamente sustentado, al propósito de Alpaís de ser parte del andamiaje formal del sistema de partidos.
Tanta corrección les ha valido de poco, por no decir que de nada. Guillermo Moreno habla del tema con serenidad, sin exaltarse en ningún momento, pero con un profundo dejo de insatisfacción por una conducta de funcionarios públicos que lesiona los derechos democráticos no solo de Alpaís, sino de la ciudadanía a ver compitiendo, para poder optar, ofertas políticas y electorales distintas a las que dominan el espectro.
En visita a 7dias.com.do, Moreno expone de manera coherente todos los pasos dados por su organización, primero para cumplir con los requisitos del reconocimiento y, después, para vencer la inercia de un organismo que –no lo dice él, sino que lo infiere el más lerdo— podría estar ejerciendo represalias contra un político incómodo para determinados sectores y personalidades públicas.
Papeles en mano, Moreno reclama lo legal y lo justo: que la JCE no dé más largas a un expediente sobre el cual pudo haber decidido hace ya tiempo. Que no lo haga es sesgar el juego electoral y político, poniendo en desventaja –ya la ha puesto— a una organización a la que los electores y electoras distinguen en su preferencia de voto, según testimonian las encuestas independientes. Veamos una de las consecuencias de esta discriminación: mientras un grupo deleznable de franquicias electorales reciben del Estado,  a través de la JCE, millones de pesos al año, Alpaís, que no se ha ofrecido nunca en venta, debe costear con el bolsillo de sus dirigentes desde el más oneroso hasta el más pequeño de sus gastos.
Pero, además, mientras esas mismas franquicias (según el rumor público la última en venderse cobró al comprador 20 millones de pesos), tienen tiempo sobrado para sus ventajosas negociaciones con los postores, el de Alpaís se acorta peligrosamente para desplegar una campaña a favor de su candidato en las elecciones venideras. Sin recursos y con los plazos electorales encima, la organización liderada por Guillermo Moreno se las ve negras.
La nueva estrategia aliancista es apoyarse en la opinión pública para lograr que la JCE no viole impunemente sus derechos. El contacto con sectores principales, incluidos los medios, para explicar con detalles la situación es un paso que Moreno cumple con dedicación militante. Pero antes que a cualquier otro, los aliancistas visitaron a la propia JCE para recabar información sobre el estatus de su expediente.  No han obtenido respuesta satisfactoria.
El dirigente político no arriesga conjeturas sobre el porqué dos años no han bastado para que la JCE hiciera el trabajo de verificar los documentos legales aportados por la organización, tarea fácilmente realizable en dos fines de semana con un costo que ronda los cien mil pesos, una “chilata” comparada con otros renglones de gastos del organismo.
Ahora, una cosa es cierta: Alpaís está en el limbo cuando apenas falta un año para las elecciones. El común de la gente se pregunta cuánto pueden estar influyendo en esta postergación las querellas aliancistas contra Leonel Fernández y cuánto los porcentajes a favor de esta opción política que arrojan las encuestas. Conjeturas, es cierto, pero en la República Dominicana es un hecho cultural, y no solo climático, que el día más claro, llueva.

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