José, María y Juan, los más comunes en el país

José, María y Juan, los más comunes en el país

Los dominicanos nos llamamos José, María o Juan... Y llevamos por apellidos Rodríguez, Pérez o Martínez. Bueno, no todos. La verdad es que estos son los tres nombres y apellidos que más se repiten en la población cedulada del país. Los más comunes.
Hace unos días pudimos sentarnos frente al maestro de cedulados, la base de datos de la Junta Central Electoral (JCE), y preguntarle, para sacarnos las dudas, cuáles eran los nombres y apellidos más comunes de la población. 
Las respuestas sirven para conocer, o reafirmar, patrones culturales y religiosos, para despejar creencias basadas en percepciones. Y hasta para saber elegir, quién sabe, cuando nos toque el momento. Es una consulta a la diversidad de los nombres y apellidos registrados en el maestro de cedulados, el  sistema de la JCE con 8.2 millones de personas.
Los cuatro nombres que más se repiten, por ejemplo, vienen de personajes bíblicos o religiosos. Y la lista completa trata de nombres nominales, donde no aparecen los apodos, indica el sociólogo Dagoberto Tejeda, a quien le enviamos el listado con los 100 nombres y apellidos más comunes del país para su interpretación.
Dagoberto cree que la población con apodos representa un porcentaje importante, con mayor relevancia a nivel rural y barrial. Su tesis es que en las creencias populares los apodos se utilizan como prevención en contra de corrientes negativas y "brujerías". 
Que los cuatro primeros nombres tengan una referencia cristiana denota la alta presencia cristiana y la creencia en ellos como protectores, asegura Tejeda.
“José a nivel popular significa el esposo que protege a la Virgen y al niño Jesús; María, por ser la madre del niño Dios;  Juan, el que bautizó a Cristo. Durante mucho tiempo fue el santo católico más popular en los esclavos y sectores populares, y Ana por ser la madre de la Virgen, y porque es la madrina protectora de Ana Isa, quizás la metresa mas popular a nivel nacional”, cuenta.
Y Carlos Andujar, sociólogo e investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), agrega que de un lado está la influencia de la iglesia católica y, por el otro, la procedencia española de muchos de los nombres de los dominicanos.
Esa presencia de nombres católicos, religiosos, va relacionada a la influencia de la Iglesia Católica en la vida social y familiar, apunta Andujar. Una tradición que nos llegó desde España y a la que se suma la influencia del calendario Bristol, agrega el sociólogo. “Era el que traía estos días de santos como parte de su oferta comercial y, sin querer, comenzó a pautar que quien naciera en tal día, le correspondería el nombre del santo ya traído en el calendario”, dice.
La ausencia de nombres populares del extranjero refleja, a juicio Dagoberto Tejeda, el sentimiento nacionalista del pueblo dominicano, invadido con dos intervenciones militares norteamericanas, la primera en 1916 y la segunda en 1965, y también gracias al “subconsciente antihaitiano”.
Andujar explica que en la conformación de nuestra diversidad cultural los dominicanos tenemos tres asentamientos importantes de composición social, racial y cultural. Se refiere a “los negros procedentes de las islas bajo dominio inglés” en San Pedro de Macorís y la Romana, también los libertos en Samaná, que provenían del sur de los Estados Unidos y los dominicanos de ascendencia haitiana. “Todos esos son apellidos no latinos”, cuenta. “Solo que por la marginalidad en que estos grupos étnicos han vivido, su jerarquización social es más limitada y sus apellidos menos sonados. Sin contar que la migración, que es un fenómeno sociológico de los últimos 50 años, también ha impactado en esa recomposición de apellidos y mezcla familiar que ella conlleva”, concluye.
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DE LOS APELLIDOS, ALGUNAS EXPLICACIONES

En los casos terminados en “ez”, “iz”, cuenta Andujar, vienen de una tradición románica conocida como patronímica, una derivación del nombre del padre, diferenciado por la silaba “ez”, “iz” que indica quería decir “hijo de…”
“Otros apellidos latinoamericanos asumen una designación geográfica de procedencia, como Andújar, que es un pueblo Andaluz, en España, y tiene también en América difuminado este apellido venido de esa zona, Dávila, etcétera”, cuenta el sociólogo. En el caso de los esclavos, que no venían de forma legal sino traídos por la fuerza, Andujar dice que muchos terminaban poniéndose el apellido del amo. “Por esas razones hay González, que es un apellido español, blanco, negro y mulato”, cuenta.

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