Más elogios y menos acoso!

Más elogios y menos acoso!

Más elogios y menos acoso!

Decía Dale Carnegie en su libro << Cómo ganar amigos e influir sobre las personas>>
" La crítica no es aconsejable, procure sustituirla por elogios, puesto a que ni los peores criminales han admitido alguna vez haber faltado."
Los elogios, la resaltación de alguna cualidad o virtud, la admiración de algún talento nunca está de más. Ahora bien, hay una estrecha línea para distinguirlo del acoso.
Yo soy de las primeras en resaltar cualidades de una persona cuando lo creo prudente. Es un ejercicio de cortesía y buena costumbre que ayuda a cultivar relaciones sanas . Pero no soy devota a emitir juicios, comentarios invasores a la privacidad (en ocasiones lascivos, fuera de lugar, comentarios directos o indirectos al cuerpo y a la sexualidad ), asi como también silbidos, piropos, miradas lascivas, tocamientos, roces, vídeo y fotografías no autorizadas, persecución, gestos obscenos como me ha pasado a mí, irrespetando así el espacio de los demás y más si estoy condicionada e influenciada por una estructura que impone parámetros absurdos de belleza.
No tengo derecho a hacerlo y tampoco me nace hacerlo, porque entiendo que ultrajo la libertad de otra persona a transitar sin que su apariencia sea puesta en tela de juicio por un sistema e imaginario popular androcentrista y misógino.
El acoso es violencia. Porque es una práctica no deseada, que genera un impacto psicológico negativo y que las personas, especialmente mujeres, pueden vivir varias veces al día desde los 12 años, en promedio.
Los efectos del acoso se demuestran en acciones cotidianas de la víctima como:
Cambiar los recorridos habituales por temor a reencontrarse con el o los agresores.
Modificar los horarios en que transita por el espacio público.
Preferir caminar en compañía de otra persona.
Modificar su modo de vestir buscando desincentivar el acoso.
¿Por qué no es culpa de las víctimas?
Todas las personas tienen derecho a transitar libremente y con la confianza de no ser violentados, independiente del contexto, la edad, la hora del día o el vestuario que ocupa la persona agredida, los derechos humanos no dependen ni se suspenden por detalles del entorno. No hay excusas ni justificaciones para el acoso.
Es violencia de género, pues refleja en el espacio público la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, a través del abuso sexual. En la actualidad, la violencia sexual es penada y no tolerada en otras situaciones y contextos (acoso laboral, estupro, violación), pero está pendiente sancionarla cuando ocurre en los espacios públicos.
Y no me vengan a decir que ser trata de un asunto folklórico y mucho menos de coquetería, no se puede confundir galantería con violencia. Algunas manifestaciones de acoso sexual callejero son aceptadas como “folclóricas” o “tradicionales”, lo que tampoco debe ser argumento para tolerar esta vulneración. La violencia no puede ser patrocinada con orgullo por ningún pueblo o nación.
Para los que están pensándolo. No, no me molesto por un elogio, al contrario si puedo lo devuelvo.
Por Esther Giron Flete candidata al consejo universitario por la FJD

Share this:

Disqus Comments